Su nombre viene de la palabra francesa de ‘croc’ o ‘croche’, o de la vieja palabra de los nórdicos ‘krokr’, ambas significan ‘gancho’.

Llamado ‘crochet’ por franceses, belgas e hispanos excepto España donde se llama ‘ganchillo’, ‘haken’ en Holanda, ‘haekling’ en Dinamarca, ‘hekling’ en Noruega, ‘virkning’ en Suecia y ‘uncinetto’ en Italia.

El crochet o ganchillo es un arte que utiliza como materiales básicos hilos, cuerdas y otros elementos, que se tejen con una aguja cuyo extremo tiene forma de anzuelo que puede ser de metal, plástico o madera.

Esta técnica no sólo es valiosa por emplearse para la creación de indumentaria o accesorios (colchas, centros de mesa, etc), sino por ser medio de sustentación económica, movimiento cultural y terapia médica. Por todo ello se ha ganado un lugar destacado en la historia de la creación e inventiva humana.

Orígenes del crochet

Otras formas del trabajo hecho a mano como el punto, el bordado y el telar se pueden fechar muy lejos en el tiempo, gracias a los hallazgos arqueológicos, escritos y representaciones ilustradas de varios tipos. Los orígenes del tejido de ganchillo se remontan a tiempos lejanos, pero nadie está absolutamente seguro de cuándo y dónde nació el crochet ya que no hay pruebas consistentes.

Hay quien dice que el procedimiento que se utiliza para realizar el ganchillo, estuvo presente durante los tiempos antiguos, pero el gancho o aguja que se usa ahora, aún no existía. La gente en aquel entonces, usaba sus dedos, con los que hacían trenzados, lazos y cadenetas.

Las pruebas de que disponemos actualmente sugieren que los pastores y marinos de la Europa medieval hacían toscas vestimentas con lana procesada a mano, utilizando ganchos de hueso, de fabricación casera. Este método recuerda tal vez el empleado en el crochet tunecino (afgano). Este tipo de crochet, que se realiza con un gancho largo, se parece un poco al tejido de aguja y, de hecho, evolucionó probablemente de las técnicas de tejido que se desarrollaron en el Medio Oriente antes de Cristo.

Asimismo, existe cierta evidencia de que en la América prehispánica se practicaba un tipo de crochet, principalmente al sur del continente. No obstante, la artesanía que hoy conocemos como crochet es producto, esencialmente, de una tradición europea, cuya trayectoria puede trazarse desde antes del Renacimiento y que parece haber sido meramente decorativa y no práctica, cuando menos hasta épocas recientes.

Teorías sobre el origen del crochet

Según Annie Potter, americano experto en el mundo del crochet, “el arte moderno del crochet verdadero como lo conocemos hoy fue desarrollado durante el siglo XVI. Se conocía como ‘cordón del crochet’ en Francia y ‘cordón de cadena’ en Inglaterra.”

Walter Edmund Roth encontró verdaderos ejemplos del arte del crochet en descendientes de los indios de Guayana en 1916

Otro escritor e investigador, el danés Lis Paludan, que limita su búsqueda de los orí­genes del crochet a Europa, propone tres teorías interesantes:

  1. El Crochet se originó en Arabia, extendiéndose hacia el este al Tibet y hacia el oeste a España, de donde siguió las rutas comerciales árabes a otros países mediterráneos.
  2. La evidencia más temprana del crochet vino de América del sur, en donde una tribu primitiva fue vista utilizando adornos del crochet en ritos de la pubertad.
  3. En China hay ejemplos tempranos de muñecas tridimensionales trabajadas en crochet. De ahí puede ser que vengan sus ahora tan en auge “amigurumis”.

Hay muchos argumentos en contra de estas teorías, ya que de ser ciertas, se habrían encontrado algunos restos de tejidos o agujas con la forma característica del gancho en los hallazgos arqueológicos y en los restos de las misiones. Aunque también hay quien dice que se han hallado restos en las tumbas egipcias.

Dice Paludan, que “en el fondo no hay evidencia convincente de cuan viejo es el arte del crochet o de donde vino. Era imposible encontrar la evidencia del crochet en Europa antes de 1800. Muchas fuentes indican que el crochet ha sido conocido posteriormente al 1500 en Italia bajo el nombre del ‘trabajo de monja’ o del ‘cordón de la monja’, donde fue trabajado por las monjas para los textiles de la iglesia”.

El nacimiento del crochet

La investigación sugiere que el crochet se deriva probablemente de la costura china, de una forma muy antigua de bordado conocida en Turquí­a, de la India, de Persia y de África del norte, que alcanzaron Europa en los años 1700 y fueron conocidas como ‘tambouring’, ‘tambour’ o ‘del tambor’. Se utilizó el gancho crochet para realizar este nuevo tipo de bordado que debía su nombre al hecho de que la tela se tensaba en un bastidor redondo a semejanza. El punto de cadena se trabajaba con un gancho e hilo delgado. Esto se llama ‘crochet de superficie’. Fue tal vez el auge del trabajo de tambor, y la reciente popularidad del gancho con el cual se realizaba, lo que estimuló el interés por el crochet sin soporte ni tela de fondo, quedando entonces solo la puntada del hilo, conocido como ‘crochet al aire’.

Antes de ello, allá por el XVI en Italia, el crochet era simplemente una alternativa para hacer encaje, si bien poco a poco fue adquiriendo su propia identidad. Generalmente, eran las religiosas quienes lo realizaban, y por eso se le conocía como ‘encaje de monja’ o ‘labor de monja’. Usando hilos y ganchillos muy finos, utilizaban este método para realizar las prendas eclesiásticas como túnicas para los sacerdotes, guantes, mitones. Las religiosas también lo enseñaban a las hijas de la aristocracia y, con el tiempo, llegó a convertirse en el pasatiempo favorito de las damas primero en Italia, y posteriormente en España y Francia. Cuando a finales del siglo XVIII, la Revolución Francesa obligó a las familias nobles a refugiarse en el exilio, éstas introdujeron el crochet en las tierras en donde se establecieron, es decir, en Irlanda, Inglaterra y los países del norte de Europa.

De cualquier forma, el potencial creativo del crochet al aire permaneció inexplorado. A principios del 1800, seguía considerándose, en esencia, como un sustituto del encaje. Los lazos y telas por aquel entonces eran muy caros, y la gente tejía con el fin de obtener telas más baratas. El crochet requiere menos materiales, y además es muy aceptado por todas las clases sociales. Además es fácil aprender crochet y lo pueden realizar todo tipo de personas. No es extraño pues, que la gente empezara a tejer fibras naturales utilizando los ganchillos, que entonces se fabricaban de diversos materiales como el bronce, el marfil y la madera. Sus practicantes limitaron sus esfuerzos a copiar algunos de los principales tipos de encaje, tales como el español, el veneciano, el estilo renacimiento, el guipure, el gorgorán, el deshilado y la redecilla, que se habían desarrollado plenamente en toda Europa.

Sin embargo, esta tradición del encaje produjo en Irlanda un estilo diferente y extremadamente bello. Aunque es básicamente un fino tipo de encaje, el crochet irlandés tiene una textura profunda y casi estructural, lograda por la ingeniosa utilización de cuerdas acolchadas, nudos, macisos y canales dentro de la misma estructura del tejido. Aún cuando los diseños siguen ciertas reglas de estilo, requieren para su realización de habilidad e imaginación, ya que son composiciones de motivos separados que representan en formas naturales como flores, frutas y hojas (cada una de las cuales tiene su propio significado simbólico) que se unen en un fondo de red hecho con bucles, cadenas y picos.

El crochet irlandés

La historia del crochet irlandés encierra un hermoso mensaje de esperanza, superación y trabajo comunitario. Está técnica nació, a mediados del siglo XIX, en medio de una situación de extrema pobreza y ayudó a salir adelante a quienes la desarrollaron.

A lo largo de todo el mundo el ganchillo se convirtió en una próspera industria casera, en especial en Irlanda, sosteniendo comunidades cuyo modo de vida tradicional había sido dañado por las guerras, fluctuaciones en la agricultura y el uso de la tierra y las malas cosechas.

Se dice que proyecto fue iniciado por la madre superiora del convento de la Presentación en Youghal, Country Cork, quien copió en crochet una pieza de encaje convencional y alentó a sus monjas para que salieran a enseñar a la gente a hacer el trabajo en sus propias casas. En pocos años se enseña en casi todos los conventos del país. Las mujeres, e incluso a veces los niños, se quedaban en casa y tejían ropa, mantas, etc, para conseguir dinero. En un verdadero trabajo comunitario, familias enteras se dedicaron a esta actividad realizándose una especie de división de trabajo, en donde cada uno según las habilidades de dedicaba a tejer una parte, para luego diseñarse y ensamblarse en distintas prendas.

Esta introducción del ganchillo como imitación en un comienzo estuvo desprestigiada; aquellos que podían permitirse el lujo de encajes elaborados por métodos más caros y antiguos rechazaban el ganchillo por ser una copia barata. Es la reina Victoria, quien a mediados de 1800 colaboró con sus acciones a cambiar esta visión, de forma abierta compraba encajes de ganchillo artesanales de Irlanda e incluso aprendió ella misma a tejer.

Los artículos eran comprados principalmente por la emergente clase media. La introducción del crochet como imitación de un símbolo de prestigio, más que una artesanía única por sí misma, había estigmatizado la práctica corriente. Debido a que este tipo de encaje podía hacerse más rápidamente que otros, y en consecuencia era más económico, aquellos que podían permitirse el lujo de encajes elaborados por métodos más caros y antiguos desdeñaban el crochet como una copia barata y le asignaron el calificativo de ‘encaje de pobre’. Esta impresión fue en parte mitigada por la reina Victoria, quien de forma abierta compraba encajes de crochet artesanales de Irlanda e incluso aprendió ella misma a tejer.

Los encajes de crochet irlandés fueron además promocionados por mademoiselle Riego de la Branchardieres alrededor de 1842 quien publicó patrones e instrucciones para reproducir fácilmente encaje de bolillos con esta técnica, junto con muchas publicaciones para elaborar ropa tejida a crochet en lana. Los patrones disponibles ya en la década de 1840 eran variados y complejos.

El Museo “Lacis” de encajes y textiles en su Catálogo de exhibición de encajes de crochet irlandés, 150 años de tradición, define al crochet irlandés como:

Un tributo al espíritu humano.

Belleza nacida de la necesidad.

Humilde desde la concepción,

con el sueño de las más altas aspiraciones,

desarrollado a partir de la paciencia, la perseverancia y el ingenio,

para distinguir majestuosamente,

y alimentar a una nación.

Expansión del crochet

Con el tiempo, el crochet Irlandés se exportó a otros países, principalmente a Inglaterra, en donde se utilizó profusamente para adornar los atuendos para las damas.

Con el tiempo, el crochet irlandés fue considerado como una profesión de alta costura. Las modas de la época crearon una gran demanda de encaje para las blusas, puños, volantes, guarniciones e incluso vestidos enteros. Los hombres vestían los encajes en forma de jabots y camisas de tarde. Nuevos motivos fueron añadidos por los trabajadores, convirtiéndose en una forma de arte. Modistos de París usaban los encajes irlandeses en sus creaciones de verano y de pronto aumentó la demanda de los grandes centros de moda del mundo. En la actualidad, la belleza de estos encajes y su particular estilo, hacen que continúen siendo fuente de admiración.

Tres mujeres importantes en la expansión del ganchillo:

  • Una gran contribución la realiza la emigrante francesa Eleonore Riego de la Branchardière, francesa, hija de un noble franco-español y de madre Irlandesa, que se estableció en Irlanda y comienza a interesarse por las fascinantes labores de las monjas del Convento de Dublín. En 1846 realiza las primeras publicaciones en la revista The Needle con gran variedad de muestras de crochet irlandés diseñadas por ella misma.
  • Grey Porter, XIX, en Carrickmacross crea la Industria nacional para ayudar a los indigentes.
  • La Señora Hand monta una industria similar en Clones.

Hacen que estos trabajos puedan sacar del hambre a familias de indigentes tejiendo prendas. Logró tener unas 20.000 mujeres y niñas tejiendo. Les suministraban el material y ellos tejían en casa. Tenían los patrones guardados celosamente, ya que si el patrón estaba inventado finamente y era único les podía dar bastante dinero, de manera que, si un vecino entraba en la casa inesperadamente escondían el encaje de la vista. Éstas familias fueron distribuidores en Dublín, Londres, Nueva York o San Francisco hasta el terremoto de 1906.

Se hace tan popular que pronto se tienen que enfrentar a la máquina de la elaboración de encaje. El trabajo de éstas tiene gran aceptación y potencia mundial, adquiriendo el nombre de ‘Encaje de Carrickmacross’ y ‘Encaje Clones’. A día de hoy sigue realizándose. Consiste en tejer motivos de rosas o tréboles sobre una fina malla de algodón fino. Se emplea para mantelerías, colchas, cenefas, entredoses…en definición todo tipo de adorno en la ropa del hogar, incluso puños, corpiños, volantes y sombrillas de la época.

A partir de entonces, el crochet se realizó principalmente con hilo. Los productos más comunes universalmente a partir del crochet fueron el ‘crochet del filet’ que son filas en mallas de abrir o cerrar construyendo un cierto patrón. Mientras que en la década de 1900, la enorme producción de ganchillos de acero introdujo numerosos productos que se hacen de hilo.

Presente del crochet

Realizar un proyecto en esta técnica requiere de una gran cuota de habilidad, paciencia, perseverancia y creatividad. En un mundo donde la inmediatez reina, aventurarse a realizar un proyecto de este tipo constituye un verdadero reto, aún mayor cuando hemos perdido esa dimensión comunitaria del pasado, los proyectos se vuelven entonces eternos y personales.

El valor de este textil, no está solo en su belleza material, sino también en esa idea romántica de la pieza única.

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